Inaguramos  nuestra sección de post invitados como no podía ser de otra manera, con un buen amigo,  una persona muy querida y apreciada por el equipo de Enredia. Si hablamos de “persona” y hablásemos de “marca personal”, sin duda Tatsu Hattori, ganaría por goleada y estamos muy contentos nos haya concedido el honor de inagurar este nuevo apartado en nuestro blog. Su particular forma de ser y de entender la vida, quizás por sus orígenes niponés,  deja una impronta muy marcada en su círculo humano más cercano y los que lo van conociendo. Bienvenido a tu casa Tatsu, estoy seguro que no será la única vez. Y muy agradecidos de haber crecido personal y profesionalmente juntos durante este último año.


 

No es lo mismo un humano con personalidad que un ente al que le damos vida. Pero ambos necesitan una persona y un motivo que los de vida.

Se habla mucho de marca personal en nuestros días, tanto que es algo que se interpreta de tantas maneras como personas hablan de ella. Desde mi punto de vista, en el más puro sentido literal, “Ni las marcas son personas ni las personas son marcas”. Sí, ambas tienen vida y forman parte indivisible del ecosistema de las redes  pero, que una marca no se humanice puede ser hasta tolerable pero que un humano por falta de personalidad termine por convertirse en un roBot NO.

Cuando uno hace una búsqueda por internet encuentra mil maneras para triunfar y ser el mejor del mundo mundial en lo que se proponga pero, al final, solo un porcentaje muy reducido consigue diferenciarse y lograr sus metas propuestas.

Antes de lanzarte a “venderte” debes reflexionar, diseñar la estrategia a seguir, implementar, recoger los datos, medir y ajustar. Puede que todo esto parezca un bucle (en realidad lo es) pero si no lo haces así la inercia te arrastrará a lo que hacen los demás, carecerás de personalidad, y terminarás siendo un ente con logo, una tipografía y un color que no destacará más allá de la escala de grises.

“Crear tu identidad digital, consolidar tu reputación  online y proyectar de manera constante la imagen que quieres transmitir no es tarea de dos días ni de un post”.

Tu personalidad es lo que te diferencia de los demás, lo que proyecta tu esencia y hace que seas tú y no otro el que merece la pena. Si quieres tenerla, define las ideas por las que quieres ser asociado y entonces, solo entonces, transmítelas a tu público objetivo impregnando en tu mensaje tu proposición de valor.

 

 

La inversión de tiempo-dinero-tiempo en redes sociales es algo a largo a plazo, algo que sirve para consolidar relaciones, acercarse y vender de manera más indirecta que directa. La diferencia con el 1.0 es el canal de comunicación; “¿Cuantas veces has comprado un producto cuando han llamado a tu puerta y te han despertado de la siesta diciéndote que su producto es el más barato y el mejor?”.  En las redes sociales tenemos esa capacidad, la de entrar hasta la cocina sin pasar por el pasillo, pero antes de hacerlo nos deberíamos plantear siempre el cómo generar el interés y la atención necesarios para vender lo que queremos a través de nuestra imagen sin aburrir ni engañar.

¿Qué es lo que vendes?, ¿a quién se lo vendes?, ¿cómo te acercas?, ¿cómo reaccionarán?

Si no sabes lo que vendes ni a quién y llegas como un elefante en una cacharrería tu tasa de éxito será nula y serás uno más de esos que dicen que esto de las redes sociales no vale ni sirve para nada.

Un producto que no desprenda su factor humano, el del día a día, el de cada sensación que evoca cuando lo miras, cuando lo tocas, cuando lo usas, etc. No será más que algo que podrás comprar pero si cuadra.

Una vez clara tu personalidad, comunica sobre lo que importa y aporta, con tu proposición de valor… más allá de una cita fácil o un #BuenosDías. Conoce y dale a tu audiencia lo que necesite. Piensa que no crea marca personal quién más actualizaciones comparte sino el que más valor aporta. Ten en cuenta que aunque los embajadores de marca sean tendencia el boca oreja siempre ha funcionado y, al final, tu marca personal será tu capacidad para destacar con la suficiente confianza en tu audiencia como para que piensen que el producto o servicio que compran a través tuyo es único.

No te dejes llevar por la inercia y por lo que crees que les funciona a los demás. Tu audiencia y tus redes son solo tuyas, cultívalas de manera sostenible y con cabeza sin que crezcan las “malas hierbas”. Tú eres único, demuéstraselo.

 

 

 

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